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El gatopardismo ucraniano

La tensa calma de la que hablaba en mi último artículo sobre Ucrania ha dado paso al vértigo histórico que da nombre al Editorial de El País del domingo 23 de febrero. En la última semana hemos asistido a una aceleración inesperada de los acontecimientos.

Primero, la ofensiva para vaciar la plaza Maidan y la respuesta armada de los manifestantes acabó en 82 muertos. Gobierno y oposición llegaron a un acuerdo que fue abucheado por los acampados opositores. Después las fuerzas de seguridad abandonaron al gobierno a su suerte y todos los edificios gubernamentales fueron tomados.

Esta cadena de movimientos políticos ha terminado con la huida del presidente, la excarcelación de la ex-primera ministra Timoshenko, cambios en el gobierno y las altas magistraturas del Estado y el nombramiento de la mano derecha de Timoshenko como presidente interino.

La estética de insurrección popular provocó que las movilizaciones fueran catalogadas rápidamente como “revolución” y la capacidad de tumbar un gobierno refuerza esas percepciones. Pero ¿Qué cambios supone la defenestración del Partido de las Regiones,, aliado del conocido como Clan de Donetsk, y Viktor Yanukovitch?

Tal como explica el politólogo Abel Riu en el artículo “¿Quién manda en Ucrania?”, en la web Extramurs.cat, Timoshenko y los partidos naranjas en general también están estrechamente vinculados con los “clanes” que desde la independencia de Ucrania hasta la actualidad se han hecho con las riendas económicas del país.

El problema es aún más grave ya que además son extremadamente dependientes de los oligarcas ya que estos controlan la financiación de los partidos y los medios de comunicación. Sarcásticamente, el filosofo y colaborador de Rebelion.org Juan Domingo Sánchez Estop afirma que “traduciéndolo al español: han cambiado a Rajoy por Barcenas”.

Además, que se consolide este cambio es difícil porque ni la oposición parlamentaria ni la organizada en la plaza Maidan tienen un proyecto conjunto. El activista de izquierdas Ilya Budraitskis explica, en la Revista Viento Sur, que la oposición comparte un nacionalismo ucraniano caracterizado por: la fe en las instituciones parlamentarias y la integración europea y las ganas de “neutralizar el virus en el cuerpo nacional sano”.Lo que los une es precisamente lo que los separa del bloque, hasta hace días, de gobierno.

En el sur y el este de país, rusofonos e industriales, el apoyo a una posible adhesión a la Unión Europea no llegaba al 20% antes de las protestas. En cambio, el apoyo a la Unión Aduanera se situaba por encima del 60%. Datos que prácticamente se invertían en el oeste, ucraniafono y occidental.

Con las protestas el “cleavage” territorial histórico se ha radicalizado. El Partido de la Regiones y el Partido Comunista concentran entre un 60 y 90% de apoyo en el sur y en el este de Ucrania y gobiernan estas regiones. En las protestas opositoras, se exigía su ilegalización.

Las “autodefensas” de Maidan, que no han abandonado sus posiciones, están controladas por organizaciones neonazis y antirusas como “Pravy Sektor”. Todos los analistas contemplan la posibilidad de ruptura del país en dos.

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Esta entrada fue publicada en febrero 24, 2014 por .

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